Medio ambiente

Plástico oxodegradable: por qué no es biodegradable y sí deja microplásticos

Se vende como la alternativa ecológica al plástico y cuesta menos que el papel. El problema es que no se biodegrada: se rompe en pedazos cada vez más pequeños hasta que deja de verse. Colombia y Europa ya lo prohibieron.

Ilustración de una bolsa plástica que se parte en fragmentos cada vez más pequeños que caen al agua y al suelo
Fragmentarse no es biodegradarse: el plástico no se va, solo deja de verse.

Tarde o temprano llega el proveedor con la oferta: bolsas «biodegradables», más baratas que el papel, con un sello verde impreso y la promesa de que se desintegran solas. Suena a que resolviste el problema ambiental y además ahorraste.

Vale la pena mirar de cerca qué es ese material, porque en la mayoría de los casos es plástico oxodegradable, y el nombre promete una cosa que el material no hace.

Qué es exactamente

Es plástico corriente. El mismo polietileno de siempre, sacado del petróleo, al que se le añadió un aditivo que acelera su oxidación cuando le da el sol, el calor y el aire.

Ese aditivo no lo vuelve biodegradable. Lo vuelve quebradizo. La bolsa pierde elasticidad, se agrieta y se parte en pedazos cada vez más pequeños hasta que deja de verse a simple vista. Ahí es donde mucha gente concluye que «desapareció».

Conviene separar dos palabras que se usan como si fueran lo mismo:

  • Fragmentarse es romperse en trozos. El material sigue siendo el mismo, solo que más pequeño y más difícil de ver.
  • Biodegradarse es que los microorganismos consuman el material y lo conviertan en agua, dióxido de carbono y biomasa. Al final no queda plástico: queda materia orgánica.

Quienes lo fabrican sostienen que, después de fragmentarse, el material sí termina biodegradándose. Esa es justamente la parte que la evidencia no ha respaldado, y es la razón de todo lo que sigue.

Cómo lo llaman

Rara vez te lo van a vender con la palabra «oxodegradable» al frente. Los nombres que vas a encontrar son:

  • Oxobiodegradable, que es el más común y el más engañoso, porque mete la palabra «bio» en un material que no cumple lo que esa palabra promete.
  • Degradable, a secas. Es una palabra sin definición legal: todo se degrada alguna vez.
  • Oxo acompañando a otra palabra, o el nombre comercial del aditivo.

Frente a esos, hay dos categorías que sí significan algo concreto y que se pueden exigir por escrito: biodegradable y compostable. Ambas tienen normas de ensayo detrás; las más citadas son la EN 13432 europea y la ASTM D6400 estadounidense. Si un proveedor no puede nombrar la norma bajo la que ensayó su material, la palabra no está respaldada por nada.

Adónde va a parar: los microplásticos

Un microplástico es una partícula de plástico de menos de cinco milímetros. Es lo que queda cuando una bolsa se fragmenta y se sigue fragmentando.

No hay que creernos a nosotros. La propia ley colombiana define este material con estas palabras:

«Materiales plásticos que incluyen aditivos los cuales, mediante oxidación, provocan la fragmentación del material plástico en microfragmentos o su descomposición química.»

Ley 2232 de 2022, artículo 2, numeral 19

Fragmentación en microfragmentos. Eso es un microplástico, escrito en lenguaje de norma, en el texto de la ley que regula el material.

Esas partículas ya no se barren ni se recogen. Se van con el agua lluvia a las quebradas, se mezclan con el suelo, y aparecen en los peces y demás animales que después terminan en un plato. Los efectos sobre la salud humana siguen en estudio; lo que no está en discusión es que están ahí y que sacarlas es, en la práctica, imposible.

Por qué puede ser peor que el plástico común

Suena contradictorio: un plástico que se rompe rápido debería ser mejor que uno que se queda entero. En la práctica ocurre lo contrario, por cuatro razones:

  • Un residuo visible todavía se puede recoger. Una bolsa entera en una quebrada se saca con la mano. Cuando ya se partió en mil pedazos del tamaño de una lenteja, no la saca nadie. El material no se fue: se volvió irrecuperable.
  • No es compostable. No sirve en una compostera ni en un proceso industrial de compostaje. Si entra, contamina el abono que sale.
  • Estorba el reciclaje del plástico normal. Si se cuela en un lote de polietileno para reciclar, el aditivo oxidante se va con él y debilita el material reciclado. Un proveedor confundido puede dañar la tanda entera.
  • El beneficio ambiental no está demostrado. Es la conclusión a la que llegó la Unión Europea tras revisar la evidencia científica disponible antes de prohibirlo.

El plástico oxodegradable no resuelve el problema del plástico. Lo vuelve más pequeño, más difícil de ver y más difícil de recoger.

Ya está prohibido

En Europa, desde hace años

La Directiva (UE) 2019/904 prohíbe todos los productos de plástico oxodegradable, sean de un solo uso o no, y no hace distinción entre el que se anuncia como «oxobiodegradable» y el que no. Los fabricantes llevaron la prohibición a los tribunales y el Tribunal General de la Unión Europea la mantuvo: según los estudios disponibles cuando se adoptó la norma, el nivel de biodegradación de ese plástico es bajo o inexistente en medio abierto, en un relleno sanitario y en el medio marino.

En Colombia, con plazo

La Ley 2232 de 2022 lo prohíbe en dos sitios. El artículo 4 lo incluye en la prohibición general, y el artículo 8 es explícito: queda prohibida la introducción en el mercado, la comercialización y la distribución en el territorio nacional de productos fabricados total o parcialmente con plásticos oxodegradables.

Con una diferencia importante frente a Europa: el plazo. El artículo 8 remite al mismo término de ocho años que cobija a los empaques de comida para llevar, es decir, hacia 2030. Hoy todavía se puede vender. Lo que ya no se puede es decir que es una apuesta a futuro: la ley ya decidió que este material sale del mercado. Lo contamos completo en el artículo sobre la Ley 2232.

Cómo reconocerlo antes de comprar

Una sola pregunta lo desenmascara Pregúntale al proveedor en qué se convierte el material al final. Si la respuesta es «se fragmenta», «se desintegra», «se degrada» o «desaparece», es oxodegradable. Si el material es biodegradable de verdad, quien lo fabrica responde «en agua, dióxido de carbono y biomasa» y nombra la norma bajo la que lo ensayó.

Tres señales más que valen la pena:

  1. Pide el documento, no el sello. Un logo verde impreso en la bolsa no es un certificado. El certificado es un papel con el nombre del laboratorio, la norma y la fecha.
  2. Desconfía del precio. Si el material «biodegradable» cuesta casi lo mismo que el plástico común, probablemente es plástico común con un aditivo.
  3. Mira de qué está hecho, no qué promete. Si la ficha técnica dice polietileno, polipropileno o cualquier otro derivado del petróleo, lo que tienes en la mano es plástico, diga lo que diga la etiqueta.

Qué usar en su lugar

Aquí es donde el papel no tiene que dar explicaciones: no necesita ningún aditivo que lo rompa, porque la fibra de celulosa la degradan los microorganismos por sí sola. No queda un polímero plástico fragmentándose durante décadas, porque nunca lo hubo.

Producto por producto, lo que reemplaza a una bolsa o un empaque oxodegradable:

Del oxodegradable al papel

Del oxodegradable al papel
Lo que te ofrecen como «biodegradable»Alternativa real en papel
Bolsas oxo para domicilios Bolsas de papel kraft y antigrasa, con o sin manija, de 40 a 90 g/m²
Rollos de bolsas oxo para empacar Bolsas antigrasa de fondo plegado o cuadrado
Envoltura plástica «degradable» Papel parafinado y antigrasa en rollo o en hojas
Recipientes oxo para llevar Cajas de cartón antigrasa
Copitas plásticas de salsa Copas de papel de 0,6 y 5 onzas

Y si quieres el panorama completo de qué pasa con cada material después del domicilio, está en este artículo.

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Pakto

Equipo PaktoFabricamos papel parafinado y antigrasa en Medellín desde 2010. Lo que ves aquí sale de atender cocinas todos los días, no de un manual.

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